Columna
Una historia // De Pelusa, con respeto
Por Administrador el 05/10/2015 22:30
Imperdible nota de Nico Cortés
(El día en que Diego Armando Maradona debutó fue, increíblemente, con el Club Atlético Central Norte de Salta. Aquella vez, fue la aparición pública del mito que nunca más dejaría de ser un anónimo.)   Por Nicolás Cortes

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En cada paso parecía un felino. En el trote visualicé un leopardo. Lo tengo imantado en mi memoria como si hubiese sido ayer. Cabellera ondulada, cara de pendejo, los brazos sueltos al correr, con movimientos de la cabeza, de un lado a otro, como si estaría por entrar al coliseo. Piernas gruesas. Muy fuertes. Lo sabía, que las eran. En cada paso dejaba profundidad, una huella. Puntas de pie, las rodillas elevadas. La combinación perfecta entre hombre y animal.
 
“Poroto” no me iba a mentir. Sangre del mismo río, me juraba que un buen día, el cuervo enfrentaba al “Bicho” en La Paternal. Corría el año 1976 y en el segundo tiempo saltó al campo junto a un ser extraño. Muy extraño.  

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En la previa al ingreso, corrimos a la par. Con timidez me saludó. Me preguntó por qué estaba en el banco. Que César Luis Menotti, le había hablado de mí. Me dijo que estaba bravo el partido. Que nosotros metíamos y jugábamos bien. Que somos un equipo peligroso y que le habían recomendado tener mucho cuidado.
  -       Preferían que debute con Talleres, pero yo quería jugar con ustedes, les dije. Para que sepan que no me cagaba.  

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Cuando él me hablaba solo miraba hacia delante. Cuando corría su vista, miraba sus piernas. Cabalgaba. Como un atleta, como un velocista. Allí dentro de ese pequeño casco, había un motor de Ferrari. Obviamente no se lo dije. No era momento de mostrar debilidades ni regalar admiraciones. Tampoco me animé a preguntar su nombre.
 

-       Confieso haber ingresado distraído. Venía de una lesión y estaba con esas lógicas sensaciones de miedo. Pero no era esa la verdadera distracción. De repente empezó a alentar el público. Sentí vibraciones. Algo pasaba. Se escuchaba un aliento pronunciando una palabra. Un nombre. Yo no creía que alentaban a un chico que recién iniciaba. Los compañeros parecían transformados desde su ingreso. En un córner, escuché por primera vez, lo que no lograba descifrar. “Peeelusa”. “Peeelusa”. Muchas veces, por todo el campo, de adentro y de afuera.  
El relato continuaba siendo impactante, aún mil veces repetido. Como las películas de Clint Eastwood. También había escuchado que existía la posibilidad en ese mismo personaje era un jugador muy similar que jugaba de wing izquierdo en el mismo Argentinos Juniors. De todos modos, me quedé con la versión original. Empezó a seducirme la idea de saber quien era “Pelusa”. Todo parecía el típico cuento de haber visto debutar a un genio, el más artista de los futbolistas, contra tu propio equipo, y que al menos, haya mostrado cautela.    
La cuestión era seguir los pasos de “Pelusa”. Adonde iría toda esta versión. Este comentario no era un simple relato de una persona común y corriente. Ese leopardo anónimo, con piel de cordero y mucho de fiera por dentro, era ese texto que Valdano, Sacheri, Fontanarrosa, Soriano y todo pensador de fútbol, quisieron escribir.  
Todo había pasado a segundo plano. Argentinos Juniors. Central Norte. El resultado había favorecido a los locales, a pesar de estar cerrado hasta el ingreso del niño. “Poroto” aun seguía intrigado con su paradero. Se tranquilizo cuando supo que ambos tenían chances del Mundial 78”. Se dijo así mismo, que alguna vez se iban a encontrar en el mismo equipo. Me juraba que nunca nadie, lo había asombrado tanto. Más que Bochini. Y me estaba hablando del calentamiento. Todavía no había tocado una pelota.  
-       No hubo ningún barrilete cósmico. Solo energias. Ese dia la pelota sonaba diferente. El césped pareció peinarse de repente. Todo alineado, simétrico. No hubo grandes proezas, ni tampoco bocas abiertas. Pero sí, que había una brisa especial. Buenos aires era muy poco adjetivo para semejante fenómeno.   Me empezó cautivando. Pero con el tiempo, con semejantes detalles, con sus ojos bien abiertos, sus venas en el cuello confirmando su pasión. “Poroto” hizo que me sentara a escribir. Necesitaba contarlo.  

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Pelusa o como carajo que se llame tiene una chispa única. Te juro y te recontra juro que son de esos tipos que deben comer en una mesa aparte, un menú distinto. Se le notaba en su respirar. Superior al resto.
  Cuando ni siquiera los amigos supieron de la versión. Entre viajes, concentraciones y partidos, el relato de “Poroto” ya estaba en todos los periódicos del país. Un pibe de quince años que la cosía y la descosía en modo único e irrepetible. Un zurdito, con figura redondeada, bajo de estatura, fuerte, audaz, atrevido, ganador, líder. Un joven que se puso en la espalda el 1 con el 0, una cinta que significaba capitán y que salía al escenario con solo un pincel.  
Para enojo de “Poroto”, el pibe nacido en Villa Fiorito, insertado como tantas familias argentinas en una pobreza significativa, y del que todo el mundo hablaba, había debutado con Talleres de Córdoba. Eso decían los medios. Que al ingresar le salió el excuervo “Coya” Cabrera y le metió un túnel, por orden técnica. Que ese día había más fotógrafos que en la asunción del Papa Francisco. Todos habían ido a ver, la versión de “Poroto” que nunca se escuchó. Ese “Pelusa” en coro ya la habíamos escuchado. El leopardo, los rulos, el freno y arranque más explosivo jamás visto había sucedido con unos indios de negro que jugaban en serio y le unieron las cejas de dudas, al niño prodigio.            
Pero lo que molestaba e irritaba al volante azabache era que la noticia, los números eran inciertos. Los confirmó el mismo “Pelusa” en una entrevista en Nápoles. Allí sostuvo que, desconocía si era oficial o no, pero el recuerda un partido con los All Black del momento. Unos tipos de negro, del norte del país, que jugaban a la pelota, totalmente en serio. Solo dijo Central. Por que norte era una evidencia. Que los quisieron cuidar para ese juego, pero que él insistió para entrar. Partido bravísimo.  

Tiempo después supimos que “Pelusa” anduvo dando vueltas por el mundo. Unas cuantas veces. Habrá vivido aproximadamente veinte vidas de un hombre promedio. Su nombre estuvo en boca de todo ser humano. Es mito viviente, como nadie en la historia humana y sigue siendo atracción, misterio, poder. Como todo futbolero, siento nostalgia de su fútbol. Tengo imágenes de un tipo que estando en decadencia, con un par de peones, colocaba en jaque a cualquier rey. Personaje que nunca jamás pasó indiferente, que desconocía las tibiezas como defecto y virtud, y que mis ojos como tantos otros, agradecidos eternos de haber observado las acciones más poéticas y bellas que nunca un futbolista pudo exponer.  
Cómo hablar de fútbol y evitar a Diego. Así, sin apellido, como si se tratase de nuestro hermano. A decir verdad, guste o no, hijo pródigo nacional. Héroe. Epopeya. Milagro. Y que decir, que cuando el destino le ordenó actuar en público, con el lienzo en blanco y todo por conquistar, el primer color que se le cruzó fue el negro. Con algo de temor y sumo respeto. Negro azabache.    


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3
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4
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30
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30
7
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11
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San Martin Formosa
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